Si hay algo fácil en toda la dinámica del adolescente es la prescripción de un método anticonceptivo, o al menos desde el punto de vista físico, sin contemplar las complicadas variables psicosociales.
Dado que el cuerpo del joven es sexual y reproductivamente maduro, es apto para la mayoría de los métodos existentes. Sin embargo, como son pocos los jóvenes que mantienen relaciones estables y duraderas, y lo usual son los múltiples encuentros fortuitos, debe tenerse presente que el método anticonceptivo los proteja, además, del riesgo de contraer una enfermedad de transmisión sexual (enfermedad venérea).
A continuación, se detallan los métodos anticonceptivos utilizados en los jóvenes.
• Preservativo: el condón cumple a cabalidad con los dos objetivos: la anticoncepción y la protección contra una enfermedad de transmisión sexual. No obstante, tiene algunas limitaciones. Por un lado, el condón no siempre está cuando se necesita, y esto es crucial en los adolescentes, porque tienen relaciones sexuales, no cuando quieren, sino cuando pueden, y con frecuencia no saben prever cuándo se presentará la oportunidad.
Debido a esto, algunos jóvenes optan por portar condones en su billetera, y desconocen que las altas temperaturas que se generan en el bolsillo los dañan y, por lo tanto, disminuyen su eficacia anticonceptiva.
En el caso de los jóvenes que ocultan su vida sexual a la familia, el preservativo se convierte en un delator en potencia de su actividad sexual, de manera que muchos deciden no usarlos por miedo a ser descubiertos.
• El método del ritmo: quizá este es uno de los peores métodos para los jóvenes, por la razón que anotamos anteriormente, en el sentido de que el adolescente no puede planear sus relaciones sexuales y difícilmente se abstendrá el día que se le presenta la ocasión.
En el caso específico del método del moco cervical, el problema es aun mayor porque son muchas las jóvenes que desconocen por completo su anatomía interna, por lo que este método resulta muy pretensioso.
• El coito interruptus: el método de la retirada es quizá el más utilizado por los jóvenes, con el agravante de que no solo es un pésimo método anticonceptivo, sino que también fomenta las disfunciones sexuales y no evita el contagio de las enfermedades de transmisión sexual.
• Las pastillas anticonceptivas: a pesar de los enormes temores que la población guarda en torno a la utilización de las “pastillas”, los reportes científicos mencionan que son un método excelente para las jóvenes, sobre todo las pastillas minidosificadas y la minipíldora.
Sin embargo, también tienen la limitación de que no protegen del riesgo infeccioso. Además, exigen de la disciplina necesaria para que la mujer recuerde tomarlas diariamente.
En jóvenes que mantienen su vida sexual al margen del conocimiento familiar, tiende a ser difícil ocultarlas de los ojos de la familia.
Otra enorme limitación radica en que los gestágenos orales requieren de una evaluación médica para su prescripción, y nuestro sistema de salud no brinda el ambiente necesario para que los jóvenes acudan. Por ello, con frecuencia se automedican, con las severas y nefastas consecuencias que esto acarrea.
• El dispositivo intrauterino: probablemente este sea uno de los métodos que los autores consideramos menos recomendables para las jóvenes, porque aumenta la posibilidad de que una infección vaginal ascienda a los órganos internos y condicione cuadros de esterilidad, lo cual sería una catástrofe en personas tan jóvenes.

ESTADÍSTICAS:
Los números hablan por sí solos:
1. El 86% de los adolescentes sexualmente activos sufren de algún tipo de disfunción sexual.
2. La frecuencia de gonorrea es más alta entre los jóvenes que en cualquier otra edad.
3. Alrededor del 18% de los nacimientos corresponde a madres adolescentes.
4. Solo un 10% de los jóvenes sexualmente activos utiliza algún método anticonceptivo.
5. Menos de un 2% de los adolescentes usó un método anticonceptivo al momento de su primera relación sexual.
6. Entre un 30 y un 60% de las jóvenes relatan haber tenido relaciones sexuales en contra de su voluntad.
7. El 65% de las mujeres que iniciaron una vida sexual premarital refirió que tuvo fuertes sentimientos de culpa después de su primera relación sexual.
8. Entre un 40 y un 60% de los padres de los niños de madres adolescentes son adultos de 32 años o más.
9. Aproximadamente el 65% de las mujeres inicia su vida sexual antes de los 18 años.
10. Menos del 20% de los jóvenes considera adecuada la educación sexual recibida.
11. Desde 1985, el suicido figura como una de las principales causas de muerte en los jóvenes.
12. La mayoría de las jóvenes que se embarazan asumen un control prenatal inadecuado.
13. Alrededor de un 7% de las jóvenes que se embarazan vuelve a embarazarse en su juventud.
COMENTARIOS FINALES
La dinámica de los adolescentes es compleja y problemática porque la sociedad tiene una visión distorsionada e irresponsable en torno a la sexualidad. Se deben propiciar cambios que le permitan a nuestros jóvenes transcurrir de una manera sana por esta etapa.
Las soluciones planteadas hasta ahora no han dado resultado, por cuanto las estadísticas continúan con alarmantes cifras que señalan la ineficacia de las medidas asumidas.
Los problemas del adolescente no se resolverán facilitándole los preservativos, como se hace hoy al colocarlos entre los chocolates y los bolígrafos en las cajas de los supermercados.
Tampoco han resultado los insulsos cursos de educación sexual que se concentran en aspectos poco significativos y abordan el tema desde una perspectiva distante, superficial y estrictamente técnica.
La solución requiere de profundos cambios y de una reestructuración a nivel educativo, a nivel legal, a nivel familiar y a nivel de los medios de comunicación.
Tenemos que hablar de sexo con los jóvenes, tenemos que hacer cumplir las leyes, tenemos que proteger a todos los niños con el subsidio económico de sus padres, tenemos que decirles a los medios de comunicación que ya basta, que hay formas más loables y eficaces de vender una llanta, un bolígrafo o un “chicle”; tenemos que decirles a nuestros políticos que la sexualidad irresponsable es una de las variables que más atizan la pobreza, que una adolescente que se nos embaraza representa toda una larga pausa en su realización personal, y a veces la pausa es eterna o se eterniza con nuevos embarazos.
Tenemos que instruir a los padres; no podemos seguir trayendo niños al mundo sin contar con los elementos básicos para darles la formación. Ya es hora de que distingamos la palabra “educación” y no se la regalemos a lo que acontece en nuestras aulas, que no es más que información espuria y vana.
Debemos entender que no podemos enfrentar autoritariamente al adolescente, porque esto conlleva el riesgo enorme de que huya de la familia y se refugie en nuestras calles, donde reina el peligro.
Tenemos que decirles a los moralistas que excluyan de su lista de faltas lo que les sucede a los jóvenes, quienes no son más que víctimas de una sociedad que perdió su carácter humano hace tiempo, y que reoriente su dedo acusador hacia los verdaderos responsables de esta situación tan preocupante.
Tenemos que enseñar a los padres a crear canales de comunicación amplios y respetuosos. Ya es hora de que se promulgue la abolición del sermón familiar y los desplantes de poder, y que sean sustituidos por una amena y constructiva tertulia.

Ya es hora de que los adultos entendamos que fuimos severamente heridos en nuestra juventud y que somos terriblemente ignorantes de los temas sexuales, y es hora de que, con la humildad que esta conciencia implica, decidamos instruirnos con nuestra pareja y nuestros hijos.
Fuente: http://drmauro.com
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